Santander

Saldríamos dos parejas en un solo carro directo para San Gil con el objetivo de pasar unos días de vacaciones en Santander practicando deportes extremos y descansando. Gonzo y Angie, sin embargo, tuvieron que retrasar el viaje 1 día. Nosotros no queríamos esperar así que tanqueamos el carro y arrancamos el día planeado.

Empacamos las cosas en la noche anterior y las guardamos en el carro. Llevábamos hasta comida para poder ahorrarnos unos pesos y tener algo para el camino, que creíamos era muy largo. Salimos a las 6 de la mañana y a las 12 del día ya estábamos en Socorro, un pueblo que intenta ser colonial pero las casas que alguna vez sirvieron a españoles invasores (perdón, conquistadores) hoy en día están completamente renovadas por dentro y sirven a tiendas, centros comerciales y hoteles.

Haz click en el mapa para verlo en GoogleMaps

Parqueamos el carro en una plaza y buscamos hotel. Después de recorrer el pueblo y de sentirnos completamente insatisfechos con todos los hoteles, decidimos acercarnos a un centro de información turístico y preguntar por un hotel campestre. Nos dieron el teléfono de uno que quedaba vía Palmas del Socorro, un pueblo a menos de cinco kilómetros que no pasa de las 10 calles. A pesar de pasarnos la entrada no demoramos más de media hora en llegar a la finca llamada Ocio y Cultura. Una vez tomamos la vía correcta fue bastante divertido seguir los avisos costumbristas que nos guiaron con frases como “Hagale Pingo!” “Cuidado con la carretera” “Métale primera que es de subida”.

La finca fue exactamente lo que esperábamos. Tenía dos cabañas en la cima de una loma, piscina con vista a las montañas, un lago al que uno podía lanzarse en tarabita y un rancho donde se podía almorzar y desayunar comida típica santandereana frente al lago.

Mientras nos arreglaban la habitación nos tomamos una cerveza frente al lago, que fue perfecta para descansar del viaje que habíamos tenido, a pesar de que son sólo 250km, la carretera no es de las más fáciles del país. Ese día fue de descanso completo en la tranquilidad de las montañas.

Al otro día, más o menos a la misma hora del día anterior llegaron Gonzo y Angie. Los recibimos en Socorro y les dimos un tour muy similar al que nosotros tuvimos que hacer el día anterior. Después de almuerzo aprovechamos para comprar cerveza en Palmas del Socorro y pasar un segundo día de completo descanso. Las cabañas son tan privadas que pudimos poner música en uno de los carros toda la noche y no molestar a nadie.

Después de descansar durante dos días, seguimos nuestro camino hasta San Gil, pueblo más al norte donde practicar deportes extremos es más fácil (por la cantidad de empresas que ofrecen estos servicios). Después de buscar hotel por todo el pueblo y descubrir que estaba lleno de turistas, logramos encontrar uno que se ajustaba al precio y que además tenía parqueadero para poder dejar los carros sin ningún problema.

San Gil fue nuestro puerto de salida para realizar la mayor parte de los planes que se ofrecen en la zona.

Primero visitamos las cascadas que por esos días parecían más un balneario que un riachuelo. Ese mismo día aprovechamos la vía que habíamos cogido para conocer el Valle de San José donde pudimos probar los chorizos más espectaculares de todo el planeta; los sirven en una salsa de guarapo con panela que les da un sabor único, además que los hacen con sólo carne de res y cerdo por lo que no son tan grasosos como la mayoría de chorizos del continente.

Después atravesamos la cueva del indio con una familia que tenía que estar más pendiente de que la hija no se perdiera que del plan en sí. De todas formas tanto ellos como nosotros disfrutamos mucho de la aventura: saltar desde piedras a pequeños pozos, meternos (claro yo no por mi sicorigidez) en piscinas de arcilla y ver murciélagos (que el niño casi logra espantar con un par de gritos). Ese mismo día conocimos Barichara, de donde sacamos unas muy buenas fotos.

Al otro día el plan fue algo más extremo. Bajamos el río Fonse (río que bordea San Gil) en Rafting. Me las arreglé para caerme del bote en uno de los rápidos, nadar en los momentos más inesperados y pegarle con el remo a Angie por andar jugando en vez de estar remando. Y gracias a todos esos percances, el deporte, a pesar de la falta de indicaciones de los instructores, resultó ser muy divertido.

Esa misma tarde manejamos hasta el Cañón del Chicamocha, uno de los accidentes geográficos más lindos del país. La entrada al parque temático es claramente carísima, por lo cual decidimos hacer picnic a la orilla de uno de los abismos y devolvernos a Bogotá esa misma tarde.

El regreso nos empató con el regreso de vacaciones de una gran parte de bogotanos, por lo que la carretera estaba bastante llena, pero después de adelantar unos cuantos carros fue bastante rápida la entrada a la ciudad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s