Viaje a Ladrilleros

El plan original era hacer una travesía de una semana por las playas ecuatorianas, visitar Mompiche, Puerto López y su parque natural y Montañita. Pero por demora en el pago de uno de mis clientes tuvimos que replantear el viaje a uno más improvisado. La idea principal era ver ballenas así que la decisión no fue difícil: Ladrilleros.

En Colombia hay varias zonas donde se pueden ver ballenas, las más famosas son Ladrilleros, ubicado dentro del parque nacional Uramba, y Gorgona. La segunda la descartamos porque hoy en día es un hotel 5 estrellas tomado por la cadena del señor Bessudo y el costo no merece ir. Luego están las menos conocidas que cubren todo el Pacífico desde Bahía Solano, sin embargo, la llegada en carro es más complicada.

Salimos desde Ibagué hasta Salento, para almorzar allá, pues es un pueblo bastante colorido y acogedor entre las montañas que forman el valle del Cocora, valle en donde se encuentra la palma de cera, planta nacional colombiana. Allá almorzamos y pasamos un rato en el mirador principalmente tomando fotos y viendo artesanías. El pueblo es un lugar increíble para pasar un rato o incluso para quedarse una temporada.

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A las 3 de la tarde salimos para Cali, ciudad en la que nos hospedamos simplemente porque es la más cercana a Buenaventura, puerto desde donde se sale para Ladrilleros. Nos quedamos en el hostal Colours, un hotel muy acogedor, familiar y cercano al centro, en la mañana incluso nos prestaron la cocina para hacer el desayuno antes de salir (no nos dieron desayuno porque salimos del hotel a las 5:40 am). Queríamos dar una vuelta por el centro de Cali pero diluvió así que tuvimos que pedir la comida a domicilio y quedarnos hablando con unos británicos sobre la situación política y social del país; luego los vimos tomar una clase de salsa en el mismo hotel.

Cali – Buenaventura son menos de 100km pero la vía está en tan malas condiciones que nos demoramos algo más de dos horas (de Cali salimos a las 6:30 y a Buenaventura llegamos antes de las 9). Es impresionante que la vía de entrada al país por el único puerto del Pacífico esté en las condiciones que encontramos, pero desafortunadamente las obras en este país suelen retrasarse por años.

Parqueamos el carro en el muelle turístico, que es abierto pero que tiene vigilancia no formal las 24 horas del día. Las opiniones respecto a la seguridad del muelle varían, pero en el hotel en Larilleros nos dijeron que era seguro dejarlo ahí. Después buscamos el local de la empresa TransJuanchaco, que es la que lo lleva a uno en lancha hasta Juanchaco, caserío a 3km de Ladrilleros. El viaje ida y regreso para dos personas cuesta 110.000 pesos y las lanchas están en un estado aceptable. El viaje dura aproximadamente 1 hora.

Desde Juanchaco hay carros o motos que lo llevan a uno hasta el hotel o hasta Ladrilleros, en nuestro caso nos llevaron hasta Palma Real, uno de los mejores hoteles de la zona, pues no todos tienen piscina, bar, restaurante y aire acondicionado y un buen precio por todas las acomodaciones. El plan completo para dos noches cuesta 250.000 pesos con todas las comidas para dos días (aunque uno puede estar hasta 3 días). En Ladrilleros hay otros dos o tres hoteles similares, otros más pequeños y hay gente incluso que arrienda habitaciones desde Juanchaco hasta Ladrilleros por menores precios.

En el hotel nos organizaron todos los paseos: travesía por los manglares, avistamiento de ballenas y visita a la Sierpe y Chucheros. Nosotros solo hicimos los dos primeros por presupuesto. El mismo día que llegamos fuímos a los manglares, una persona de la comunidad nos guió por la playa hasta La Barra (otro de los caseríos del parque), playa que sólo puede caminarse cuando la marea baja porque cuando sube se convierte, como en gran parte de la costa, en acantilados. Tristemente La Barra estaba desolada, todas las casas y restaurantes se los había llevado la marea. La playa además, estaba bastante sucia por todas las construcciones que el mar se había llevado.

Con el grupo de gente con el que íbamos decidimos acelerar el resto del paseo y continuamos nuestro recorrido hasta un río parte de los manglares donde cogimos una lancha pequeña. Allí, como es de esperarse, nos encontramos con un grupo de niños del caserío que pidieron desde limosna hasta 200.000 pesos por coger una tortuga que dejé escapar (de ellos mismos). Tristemente el área está llena de personas que han decidido aprovechar su situación social y económica para venderle pesar a los tantos turistas que visitan el parque durante todo el año y eso es lo que le enseñan a sus hijos, quienes desempeñan bastante bien su labor.

La lancha se demoró en salir porque se le había roto la hélice y se había quedado sin gasolina. No obstante, cuando salimos entramos entre la selva de los manglares para que pudiéramos descubrir uno de los lugares más maravillosos de todo el planeta. El lugar es una de las estaciones más importantes de aves migratorias que se encargan de repartir las semillas de los árboles de la zona. También hay todo tipo de animales que aprovechan la mezcla el agua dulce con agua salada para alimentarse de todo tipo de insectos que viven ahí. La travesía termina en unas piscinas naturales de agua dulce que se forman entre el manglar.

En la noche diluvió y cayó una tormenta eléctrica, típica de las selvas de manglares. Sin embargo la lluvia se extendió hasta el otro día, por lo cual no pudimos continuar con algunos de los planes, ni tampoco aprovechar la playa que teníamos frente al hotel y tuvimos que esperar hasta las 2 de la tarde para hacer el avistamiento de ballenas. Pío fue quien nos llevó a verlas, es un caleño que lleva 17 años viviendo en Juanchaco y que, además de un hotel, lleva a turistas a ver ballenas, caretear e incluso a bucear. Sabe bastante de ballenas, del parque y es uno de los más interesados en que el parque sea uno de los de mayor interés nacional.

El resto del viaje nos hizo un mejor clima para las vacaciones y pudimos caminar entre los caseríos, bajar a las playas y hasta descansar en la piscina.

El regreso lo hicimos directo hasta Ibagué, a pesar de un trancón de más de 3 horas que tuvimos que aguantar entre Buenaventura y Buga (pueblo en el valle por donde se hace el desvío para no entra a Cali). Si no fuera por ese trancón (que además nos dijo uno de los conductores de uno de los tractocamiones que eran típicos) nos habría tomado 6 horas llegar a Ibagué sin paradas, en este caso fueron 10 horas incluyendo una parada que, claramente, se volvió necesaria.

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