Amsterdam

 las uno3 Finalmente llegamos a Amsterdam en medio del frío de un invierno que no quería terminar. Salimos de la estación con muchas ilusiones por esta ciudad y nos dirigimos al punto de información turística para conseguir un mapa e indicaciones de cómo llegar a una zona de hostales. Nos entregaron un excelente mapa a cambio de 2 euros, valor copletamente abusivo pero necesario. Nos indicaron dos zonas: la primera bastante cerca de la estación y del Distrito Rojo y la otra bastante lejos de todo, pero al mismo tiempo nos dieron muy pocas esperanzas de encontrar algo bueno por la zona turística. Las predicciones se cumplieron en menos de una hora, todos los hostales estaban llenos.

las uno4Caminamos cerca de 3 kilómetros desde el centro hasta la segunda zona de hostales donde nos encontramos con una pésima noticia en cada hostal que preguntamos. Nos quedaban dos opciones, un hotel con una habitación por 100 euros o un hostal con un precio de 40 euros por persona. Escogimos la segunda y la escogimos bastante mal. La habitación, aunque era privada, tenía sólo un camarote, un espacio para el inodoro y otro completamente separado para la ducha y el lavamanos y ninguna facilidad que por 20 euros más habríamos conseguido y apreciado bastante. Lástima, así teníamos que disfrutar nuestra estadía.

las uno7Después de un descanso salimos a caminar para buscar algo de comer, algo de tomar y visitar el Distrito Rojo. Conseguimos una buena comida italiana porque el resto de restaurantes eran bastante costosos, luego complementamos la comida con unas papas fritas que nos sirvió un griego muy amable que quería venir a vivir a Barcelona y salimos a caminar hacia el Distrito Rojo. Hasta que no llegamos no lo creímos. Ventanas a lado y lado de la calles con cortinas rojas y mal iluminadas donde se exhibían mujeres de todo tipo como un almacén de dulces donde uno mismo se sirve en una bolsa y al final le cobran por peso. Había mujeres feas, mal cuidadas, travestis, transgeneros, mujeres bastante latinas, mujeres que parecían del este y hombres que no paraban de mirarlas. En una que otra esquina se oían conversaciones en diferentes idiomas de adolescentes que se alentaban el uno al otro a entrar cada uno en una ventana mientras las muejeres desde su cómoda posición los seducían e incitaban a entrar.

las segundas4Entramos a algún Coffee Shop y pedimos dos cervezas. Las bebíamos sin mucho ánimo, aparentemente no entramos al mejor. Cuando salimos del bar la ciudad estaba más loca que antes, gente en la calle bebiendo e intentando pasar los efectos de lo que parecían ácidos, hongos, éxtasis y de vez en cuando cocaína. Logramos encontrar un mejor Coffee Shop al que entramos para averiguar los precios de los brownies: 5 euros por cada uno, un precio que a decir verdad me parece bastante razonable. Después de intentarlo en varios desistimos de nuestra misión de comprar porque nadie recibía tarjeta de crédito, pero para nuestra sorpresa no era porque sea ilegal en los países de donde provienen las tarjetas, sino porque ya han sido estafados tantas veces que prefieren no recibir tarjetas. Así que caminamos otro rato conociendo esta zona que es casi imposible de creer antes de regresar al hostal que, con los 10 grados bajo cero de sensación real, parecía que estuviera a 50 kilómetros.

Al siguiente día aprovechamos el desayuno del hostal como hacia mucho no lo hacía. Con ese precio los obligamos a darnos desayuno y almuerzo, bueno, el almuerzo tuvimos que envolver los panes y jamones en servilletas y guardarlos en la maleta. De nuevo, igual que el día anterior, empezamos la travesía en busca de un hostal más adecuado.

Una vez instalados salimos a recorrer la ciudad. Primero nos montamos en un barco turístico donde le explican a las personas algo de historia de la ciudad desde la vista de los canales, allí conocimos a una pareja de canadienses enamorados de colombia que nos contaron historias de lugares que ni nosotros conocíamos.

las uno31Al finalizar el recorrido fuimos a almorzar en un sitio de costillas de cerdo que nos dejó mucho más que satisfechos, pero que desafortunadamente horas después la enfermaron y tuvimos que pasar toda la noche en el hostal. Por suerte su enfermedad no se despertó sino hasta después de caminar por bastantes lugares de la ciudad.

Al siguiente día saldríamos para Maastricht al medio día, así que lo mejor era descansar.

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