Maastricht y un día de trenes belgas

las segundas5 En el camino a Maastricht decidimos relajarnos un poco, sabíamos que íbamos para un pueblo mucho más pequeño donde podríamos encontrar buena acomodación fácilmente. Después de unas 2 horas de viaje, descubrimos que el tren tenía WiFi gratis y la angustia nos ganó: entramos a alguna página de resevas y conseguimos una excelente habitación decorada de forma árabe por un precio mucho menor de lo que habíamos pagado en Amsterdam. 30 minutos después estábamos pidiendo la habitación en un bar tipo hindú que servía de recepción del hotel. Habíamos llegado un lugar increíble.

Maastricht es un pueblo bastante pequeño, dedicado prácticamente a los estudiantes de la Universidad y con una arquitectura mezcla de medieval con barroco que deleita a cualquier turista. El centro está rodeado por unas murallas medievales aún bien conservadas, está a menos de 5 minutos de la sede central de la universidad y tiene por lo menos unas 4 catedrales que deben ser visitadas, algunas son de estilo barroco, otras más góticas y alguna un poco más renacentista. Muchas calles son peatonales por su pequeño tamaño y las casas son como sacadas de un cuento infantil de los hermanos Grimm. El recorrido por Maastricht se hace en una tarde con calma y uno logra ver la plaza central, algunas de las calles principales que hoy en día están llenas de tiendas de moda, visitar las 3 catedrales principales, ir al puente de San Servacio que es el más antiguo de Holanda y recorrer parte del parque aledaño al río que está lleno de pequeños canales en donde descansar un rato la vista. Ese primer día pudimos, además, comer en un excelente restaurante atendidos por un mesero que le encantaba nuestro antiguo equipo de futbol liderado por El Pibe, conocer los edificios de la universidad y descansar como no lo habíamos podido hacer días anteriores. Al segundo día le dimos una vuelta a los puentes y al río Mosa y además de eso tratamos de conseguir un transporte para llegar a París sin cruzar Bélgica y evitar sus desastrosos trenes. Ninguna se ajustó a nuestro presupuesto.

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las uno43A la 1 de la tarde salía un tren para Liége, nuestra primera parada para continuar hacia Lille, la primera ciudad francesa después de Bélgica. El tren es peor que el tren de la Sabana de Bogotá y un recorrido de 20 kilómetros lo hace en 15 minutos. En Liége teníamos que tomar un tren de regreso a Bruselas que afortunadamente apenas llegamos estaba en el andén frente a nosotros. En Bruselas debíamos cambiar de tren y coger uno directo a Lille o por lo menos a la frontera y como es de eseprarse, ahí comenzó el desastre. El siguiente tren a Lille o a París salía a las 6 de la tarde y no valía la pena esperar tanto tiempo, así que después de preguntarle a 3 vendedores de tiquetes logramos averiguar el nombre del pueblo en la frontera con Lille: Tournai. A bordo del tren nos enteramos que la mitad de adelante seguía hacia Tournai y los vagones finales, en donde estábamos nosotros, se desviaban a otra ciudad, así que en la parada en donde el tren se dividía en dos, junto con otros turistas desinformados como nosotros, nos tocó correr a la parte delantera y asegurarnos que el vagón al que subimos iba hacia Tournai. Llegamos sin ningún problema.

En dos horas que teníamos en Tournai logramos caminar parte de la plaza central y ver de lejos un castillo que se veía bastante interesante, pero por miedo a perder el tren nos devolvimos a la estación a esperar. Cuando llegó al andén indicado subimos el tren muy tranquilamente pero para sorpresa nuestra arrancó media hora antes y en dirección contraria: ¡Nos habíamos equivocado de tren y nos habíamos montado en uno que regresaba a Bruselas pero que no tenía ninguna señalización! En la siguiente estación ella bajó y yo le pregunté a alguien en nuestro vagón por algo de información pero antes de que me respondiera, el timbre para anunciar que el tren se va, comenzó a sonar. ¡Por poco nos separamos en Bélgica pero alcancé a saltar aunque el tren casi se lleva mi pie!

las segundas9En la estación nos enteramos que estábamos en Mouscron y que ahora debíamos ir hasta Leuze y ahí cambiar de tren para ir a Lille. Afortundamente frente a la estación había un restaurante de papas y fuímos a pedir una porción mediana que era enorme. Después de hacer los dos cambios más de tren logramos llegar a Lille casi a las 9 de la noche donde pedimos un tiquete para llegar a París que por la hora era un puesto de primera clase a mitad de precio de segunda.

Lille parece ser un pueblo bastante bonito, tiene monumentos de la segunda guerra, de Napoleón y de memorias históricas impresionantes por todas partes, pero por el tiempo sólo pudimos verlos en la noche.

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