Petén y Tikal están muy lejos de Bogotá.

Salimos un jueves en la tarde para Guatemala, después de correr toda la mañana para tener todo listo antes de salir de país.

Elegimos Avianca como la aerolínea para el viaje porque tenía el mejor precio desde Bogotá, sin embargo para poder comprar el tiquete más económico teníamos que hacer al menos uno de los dos recorridos con dos escalas. Nuestro vuelo de ida, entonces, tuvo dos paradas: Panamá y San José de Costa Rica. Incomodidad es la definición perfecta para esas paradas.

No puedo dejar de contar una anécdota antes de seguir el viaje: en la escala en San José, teníamos que dar todo un recorrido dentro del aeropuerto, pasando por un paso de seguridad, para terminar regresando al mismo avión.  En el paso de seguridad para llegar a la sala de espera, llegó antes que nosotros una mujer que venía en el mismo vuelo. Antes de cruzar el lector de metales se quitó todas las maletas y las de su hija, pero olvidó 5 pulseras en cada mano, un anillo en cada dedo, varias cadenas y aretes, así que el guarda la devolvió, pero la mujer, de la manera menos óptima posible, se fue quitando sus alajas una a una con tranquilidad y lentitud infinita. Nuestro vuelo debía estar en proceso de abordaje y yo veía cómo cada pulsera y cada anillo resbalaban por la mano de esta mujer y lentamente caía al suelo. Le preguntamos a la otra guarda que nos dejara pasar porque traíamos mucho afán, pero ésta, en vez de dejarnos pasar, se quedó mirando el pasabordo hasta que la mujer se quitó todas las joyas llevándonos al límite del desespero. Finalmente logramos llegar a la sala de espera, pero con la graciosa impresión del desorden latino que desespera a cualquier viajero.

Continuamos con el relato.

Llegamos a Ciudad de Guatemala aproximadamente a las 7pm, salimos a buscar un taxi para salir directo al terminal de buses, pero nos encontramos con una oferta que costaba 240quetzales y otra de 70quetzales en el mismo tipo de vehículo. De inmediato entendimos que iban a intentar estafarnos todo el viaje.

Llegamos a la terminal con tiempo para tomar el bus a Flores. El viaje tomaría unas 8 horas, por lo cual veníamos mentalizados con la mejor actitud para estar sentados mucho tiempo. El viaje, en realidad, duró 10 horas, porque la carretera la cerraron y tuvimos que esperar unas dos horas parados en medio de la vía. Nuestro conductor, además, era un hombre tranquilo y se tomaba la vía con pasividad (no es que me queje, claro, desconfío de casi cualquier persona al volante que no sea yo); lo acompañaba además las canciones de un hombre que amaba a otro hombre llamado dios. Quitando de lado el cansancio el viaje era bastante gracioso.

Llegamos a Santa Elena a eso de las 8am y caminamos hasta Flores donde pudimos desayunar bien para retomar energías de lo mal que habíamos dormido. Recorrimos un poco el pueblo y a las 10am tomamos una van hasta Tikal, donde pudimos descansar un rato en el Jungle Lodge, el hotel donde nos hospedamos. Sin embargo, aprovechamos las pocas energías que nos quedaban para hacer el primer recorrido del parque y llegar al hotel a descansar el resto de la noche.

A las 4am del día siguiente nos recogió un guía en el hotel y nos reunió con un grupo de norteamericanos, británicos y australianos. Su mala pronunciación en inglés me llevaban a hacerle muchas preguntas, pero él le dio más cuerda a nuestro interés y terminamos preguntando de todo.

Guatemala (32)

Recorrer un parque arqueológico en total oscuridad es impresionante, pero como ya lo habíamos caminado un poco, logré reconocer algunos de los caminos. En medio de la poquísima luz previa al amanecer subimos unas escaleras hasta la punta del Templo de la Serpiente de las Dos Cabezas. Nos fuimos ubicando en las pequeñas escalinatas mirando hacia el Este y en total silencio. La luz de la mañana comenzó a acercarse en el horizonte poco a poco, mientras la selva se despertaba para un nuevo día. Los monos aulladores comenzaron su día poco a poco con aullidos (más bien gruñidos) que cubrieron toda la selva en una especie de sonido estéreo; cada uno de ellos marcaba su territorio antes de empezar la búsqueda de alimento. El concierto duró por lo menos una media hora hasta que finalmente la pequeña bola de luz comenzó a salir y a iluminar las crestas de los templos mayas. “Bienvenidos a un nuevo día” nos dijo el guía que esperó a poder terminar de ver la mañana para hacer el tour en el que nos explicaría la importancia del parque templo por templo. Menos mal el día anterior habíamos decidido no visitar las pirámides principales porque nuestra intuición nos llevó a recorrer los espacios que el guía no nos mostró.

Guatemala (30)

El resto de la tarde la aprovechamos en la piscina hasta las 3pm, hora en que salía nuestro transporte de regreso a Flores donde tuvimos tiempo de descansar y comer con calma antes de aventurarnos en un nuevo bus de 10 horas.

Guatemala (29)

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